La palabra “amor” debe ser una de esas “cosas” que más cuesta explicar, pero sin dudas se trata de uno de los temas más conversados entre los seres humanos. Quizá también entre los animales, pero hoy somos incapaces de comprender su lenguaje, no tanto por incapacidad intelectual sino más bien porque no tenemos la sensibilidad de concebirlos como seres dignos de respeto y cuidado. Claro que no pienso definir yo qué es el amor, pues dejaría de tener ese misterio que tanto nos atrapa: cuando se determina qué es el amor, se esta matando aquello que se quiere definir, se nos cierra la posibilidad de dejar de explicarlo para comenzar a vivirlo, hacerlo carne.
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Recuerdo un libro que leí hace poco llamado “Alta rotación”, donde a través de unas crónicas muy bien escritas, Laura Meradi (la autora) relata su experiencia en diversos trabajos precarios. Allí en el prólogo, cuenta que sólo pudo relatar aquellas marcas que quedaban en su cuerpo y en el de sus compañeros de trabajo; esto no era ninguna metáfora inocente sino que me estaba indicando algo más. Luego tuve la oportunidad de entrevistar a Laura, y me dijo algo así como que la escritura es una puesta en juego del cuerpo, “la prepotencia del trabajo”, como diría Arlt. Ahora pienso que tal vez eso sea “el amor”, poner el cuerpo, vivirlo y no explicarlo como si fuera un objeto…claro, que contradictorio, yo mismo estoy escribiendo sobre el amor y afirmo que no hace falta nombrarlo o explicarlo sino más bien sentirlo. Pero en fin, la contradicción es una característica básica de aquél y como dijo alguna vez Sarmiento (un ser poco representativo de lo que nos imaginamos que es el amor), a las contradicciones hay que contradecirlas
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¿Pero de qué manera? ¿Cómo evitar pensar y dejar fluir al amor aún corriendo el riesgo de que nos lastime? Un nuevo problema nos acecha: aquello que nos hace feliz también nos puede lastimar, pero quizá se trate de ir definiendo en ciertos momentos cuando detenerse a pensar y cuando dejar que las fantasías se manifiesten. Quizá se trate de saber andar con el tiempo, con el espacio, de hacerse amigo del mundo y de los otros…del Otro.
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Me voy a jugar, voy a contradecirme y definir el amor como aquello que me muestran los otros, lo que aflora en cada momento de aparente detención y de fluidez. Voy a definirlo como la persona en la que pienso ahora y la que quizá mañana deje de ser motivo de tantos deseos y fantasías hermosas. Es esa chica que quizá el tiempo diga que no era lo que pensaba, porque en realidad todavía es desconocida para mí. El amor es entonces el libro, la escritura, la chica, lo que habla más allá de las letras, lo que repone el lector y lo que dejo en silencio para que en los márgenes se vea aquello que no puedo nombrar porque todavía desconozco…el amor es la falta, lo que estoy sintiendo ahora.
Santi
Oximoron que salta sobre tu racionalidad. Contradicciones que rompen tu estado natural, tu forma de pensar lo que siempre va hacia el mismo lugar.
Somos seres sujetos a ningún lugar, especies de ningún tipo, formas sin contorno, sin estado material. Rizomas aquí y allá, sin jerarquías que respetar.
Nuestro principio de contradicción quiere a la norma destruir, al significado des-arraigar de sentidos muertos que se repiten aquí y allá.
No existen explicaciones racionales que se puedan amoldar a lo real, sólo lo absurdo puede decir que todo lo que no es real es racional.
Los oximorónicos no buscamos “la realidad”, lo que buscamos es producirla y nada más.
El movimiento mismo de un sol negro al anochecer construye el ámbito de la conciencia que queremos despertar.
No existen fronteras para limitar, sólo sarcasmo e ironía para poder imaginar.
Ser oximorónicos, ese es nuestro principio libertario!!!
Santi
"Dirijo sin cesar al ausente el discurso de su ausencia; situación en suma inaudita; el otro está ausente como referente, presente como alocutor"
"La ausencia dura , me es necesario soportarla. Voy pues a manipularla; transformar la distorción del tiempo en vaivén, producir ritmo, abrir la escena del lenguaje (el lenguaje nace de la ausencia: el niño se agencia un carrete de hilo, lo lanza y lo recupera, imitando la partida y el regreso de la madre: se crea así un paradigma)"
Roland Barthes, "Fragmentos de un discurso amoroso"
Existís y sos la sombra que la luz no puede entender aún produciéndola.
Una figura que no lo es, sin forma ni materia. Sin embargo estás detrás y nos podemos ver, pero jugamos a no mirar el contacto… a no entender.
Sos in-existente lo sé, pero necesito que existas para saber quién soy y qué no quiero ser.
Una sucesión, un cadena de momentos en los que insistís, me dice que sos el sentido hacía donde puedo comprender, aquello que la pasión me golpea a creer.
Sos quien determina qué momento es memorable y cuál se desvanece.
¿A quién le hablo? A quien quiera ser encarnado por esa sombra sin forma, por esa pregunta que la razón no puede contestar…es decir, a nadie hoy.
¿Será siempre así?
La pregunta sobre el Otro quizá no deje espacio para una respuesta. Es que ella es la madre de todas las dudas, el principio de todo acto humano.
Buscar al Otro quiere decir que todos/as juguemos con el misterio de decir y no decir, de negar con la boca lo que aceptamos con el cuerpo y de jugar con las distancias que construimos.
Cuando pienso en Otro pienso en Mí, se repite ese egocentrismo que ya he mencionado. Pero este pensamiento es paradójico, pues sólo puedo pensar en Mí con respecto a Otro que se me presenta por fuera, pero que sólo construyo mediado por mi compresión/percepción. El Otro juega por fuera y juega por dentro. Entra y sale, danza con mi subjetividad.
Yo me dudo, me pregunto, así como dudo y le pregunto a quien miro a los ojos. Yo soy el Otro en Mí, que se re-encarna en acciones y pasiones que configuran momentos que quiero vivir, repetir e inventar.
Sólo juego a des-plegar, a sacarle la máscara de a poco y cerrar los ojos para no mirar.
Sante!