La pregunta sobre el Otro quizá no deje espacio para una respuesta. Es que ella es la madre de todas las dudas, el principio de todo acto humano.
Significar en el Otro, producir pasión(es), des-plegar lo que no se ve por la imposibilidad de nuestra historia personal que todo lo re-significa, que todo lo reduce a nuestro ego-centrismo. Todo aquello se basa en el deseo de sacarle a un Otro la máscara de a ratos, sin dejar des-cubrirlo del todo.
Buscar al Otro quiere decir que todos/as juguemos con el misterio de decir y no decir, de negar con la boca lo que aceptamos con el cuerpo y de jugar con las distancias que construimos.
Cuando pienso en Otro pienso en Mí, se repite ese egocentrismo que ya he mencionado. Pero este pensamiento es paradójico, pues sólo puedo pensar en Mí con respecto a Otro que se me presenta por fuera, pero que sólo construyo mediado por mi compresión/percepción. El Otro juega por fuera y juega por dentro. Entra y sale, danza con mi subjetividad.
Yo me dudo, me pregunto, así como dudo y le pregunto a quien miro a los ojos. Yo soy el Otro en Mí, que se re-encarna en acciones y pasiones que configuran momentos que quiero vivir, repetir e inventar.
La relación con el Otro me excede, no puedo construirla como quiero. Porque el Otro, los Otros, no son como Yo quiero. Sólo están ahí, jugando a sacarme mi mascara, queriendo tocar mis múltiples dimensiones.
Supongo que el Otro se preguntará lo mismo que Yo, aunque no me animo a preguntárselo.
Sólo juego a des-plegar, a sacarle la máscara de a poco y cerrar los ojos para no mirar.
Quizá todo esté generado por un espejo, pero esa pregunta tampoco quiero formularla (no quiero romperlo).
Sante!